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viernes, 8 de abril de 2011

LOCOS AULLANDO COMO LOBOS

En cisternas de la memoria,
tembloroso y fosforescente,
libero
rituales mecánicos y escorpiones,
rompiendo cabezas.

En mares partidos,
atravieso enigmáticos cuerpos
que esperan ser escritos.

Y en escenarios volcánicos,
visto trajes soliviantados
sobre hombros de la colina,
mientras me pregunto:
¿Qué es la realidad?
¿Y el álgebra del alma,
cómo se conjuga?

Los hombres,
locos aullando como lobos,
suspendidos
en ramas
de tibios soles extranjeros,
caen
como hojas sangrientas
de patrias traspuestas
en actos lejanos,
que, bien mirados, a veces,
causan gracia.

Me decía: adelante.
La palabra precisa, aviva el ojo,
llama al abrazo.

Viajo en espejos enamorados,
encuentro golpes
que deletrean un cortejo
de muñecas de cartón,
caleidoscopios
aleteando mis párpados azules
reflejando caminos
en mendigos de amor.

Mi cabeza inclinada,
como sauce sobre un río,
recuerda cantos de gloria
en destellos de sexo acuático,
recorriendo la ciudad.

Desde entonces,
comencé a morir:
escribo con ojos abiertos,
escucho mi voz
y abandono el coro de los muertos.

sábado, 25 de diciembre de 2010

VENDRÁN LUEGO OTROS HECHOS

Vendrán luego otros hechos,
en una lejana hoja
de domingo en Madrid.

Los encontraré en tus ojos,
inmensos en las sienes,
temblorosos, abiertos
sobre la tierra roja.

Bailaremos
en crepúsculos
del color de los ríos,
crecidos en otoño.

Nada conservo
de los despojos,
perdidas alas de papel,
ésas que cosia madre
a mis espaldas,
zurcidora
de vuelos imposibles.

Anduve en los caminos
sin darme cuenta
de que eran estos pies desnudos,
los que me llevaban,
y me harté de los paisajes
sin mirar si entraban por mis ojos
o los llevaba conmigo.

Después, alimenté luceros,
sin reparar
en que fui un desaparecido:
ausente juntador de absurdos.

Ahora
despliego este soplo,
transformado en viento.

viernes, 2 de octubre de 2009

CALMABA TU SED

Tu frase: te amo
resuena en mis oidos.
Calmaba tu sed
en el tiempo que te peinabas
en el espejo de mis ojos. Imantados.
Te encuentro en los nombres,
porcelana empapada en origen
y hojas secas.
Espeso matiz.

Ahora no calles.
Habla sin dejar de desvestirte.
Desviaré el hechizo.
He resuelto no esperar que el piso de zafiro y promesas
se diluya en los pliegues de tu piel.
Recuerdas
nuestra mirada temblorosa entre la multitud.

Todo era posible en una nueva edad.
Ya sabes,
vengo de otros siglos
y es bueno
que los milenios se junten.

Te amo, te amo.
Pupilas celestes devoran al minotauro.
No tengo piedad.

Formas parte de mi fuerza y mi belleza
no retrocedas.
Entre hombres y mujeres
entrega tu compostura.

Y no esperes paz
porque las historias
no terminan.