Estaba en torno al fuego.
Ser mortal me convocaba
más acá de la palabra
y la plegaria, en general,
conducía al punto de ambicionar,
mi palabra.
La noche traía
ecos del pasado animal,
sonidos guturales
de profundas cavernas
como carpelo,
vacío en ojos y vísceras.
La magia sonora iluminaba los días,
la voz del maestro
era un recuerdo del futuro.
Trapecista del hambre,
por temor a nacer enano
me disfrazaba de idiota
y converso
en leyendas urbanas.
Amante del soliloquio silencioso
y la masturbación ecuménica,
fui salvado
por albatros que indicaban
la dirección del viento
y playas de blanca arena.
Los tiempos
fueron la ilusión de aquel niño,
extraviado en la multitud.
Pedía en mis gritos
un trozo de justicia,
un pedazo de tierra,
una voz
para los sin voz.
Sin habla ni espanto.
Hoy es hoy por hoy.
Un día, reconocido como tal,
es un grado de civilización.
Aquietadas las guerras civiles,
comenzó la guerra santa.
Lejos queda la ciudad de los inmortales,
los ritos habitados por sapos y culebras.
Serpientes del Nilo,
conjuros apócrifos
recordando
lejanas ceremonias:
la adoración del sol.
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viernes, 16 de octubre de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
UN VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA
Soñe que viajaba al centro de la tierra, a los orígenes del misterio planetario y sus ciclos inmemoriales, sin ayuda de la vista ni de manos o pies. Un juego de voces reflejando distancias incalculables en el tiempo, y espíritus que se fijan en cualquier tipo de caracteres. En oscuridad, en silenciosos mundos subterraneos, en vientos sarcásticos velando miradas, de las superficies del planeta a las entrañas del globo.
Escribía sin cesar, en varios alfabetos y estudiaba crónicas de otros mundos y, las historias de seres diferentes que habían poblado el planeta en tiempos olvidados, y los registros de ciertas criaturas de poderosa inteligencia que habitarían la tierra en siglos venideros.
Atravesaba ruinas y escombros de civilizaciones perdidas, esqueletos, fósiles en descomposición, petróleos de trastienda en las arenas. Viajaba sin saber, en la pasión amontonada, en máscaras del desvelo, entre viñetas, colofones, libros como viajes, como apilados sueños traspapelados. Al centro de la tierra, al patético exodo de atroces ciudadelas, mordidas por turbios soles interiores y lunas oxidadas, hacia los metales profundos donde bailan sapos gigantes y grandes pájaros asesinos de faunas subterraneas. Huerfanos de tiempos y lagunas evadidas hacia un destino inexorable, hacia los cementerios de las historias de los hombres.
El mundo, dicen,es pequeño, pero sus túneles, grietas y caminos, son infinitos, desgarradores en su danza delirante, vital y categórico en sus cuencas de sudor. Lágrimas sobre la arena, sangre atravesando capas terrosas, modelando mares de arcilla y ron.
Tributos pagados por la sobrevida, por la permanencia en la superficie junto a los grandes peces. Y, animales que se alimentan de pequeñas bestias en tributos por mantener la alegría que supone estar vivo, sobre la tierra.
Escribía sin cesar, en varios alfabetos y estudiaba crónicas de otros mundos y, las historias de seres diferentes que habían poblado el planeta en tiempos olvidados, y los registros de ciertas criaturas de poderosa inteligencia que habitarían la tierra en siglos venideros.
Atravesaba ruinas y escombros de civilizaciones perdidas, esqueletos, fósiles en descomposición, petróleos de trastienda en las arenas. Viajaba sin saber, en la pasión amontonada, en máscaras del desvelo, entre viñetas, colofones, libros como viajes, como apilados sueños traspapelados. Al centro de la tierra, al patético exodo de atroces ciudadelas, mordidas por turbios soles interiores y lunas oxidadas, hacia los metales profundos donde bailan sapos gigantes y grandes pájaros asesinos de faunas subterraneas. Huerfanos de tiempos y lagunas evadidas hacia un destino inexorable, hacia los cementerios de las historias de los hombres.
El mundo, dicen,es pequeño, pero sus túneles, grietas y caminos, son infinitos, desgarradores en su danza delirante, vital y categórico en sus cuencas de sudor. Lágrimas sobre la arena, sangre atravesando capas terrosas, modelando mares de arcilla y ron.
Tributos pagados por la sobrevida, por la permanencia en la superficie junto a los grandes peces. Y, animales que se alimentan de pequeñas bestias en tributos por mantener la alegría que supone estar vivo, sobre la tierra.
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