Si miras
en el pedernal
de mi amante sintética
y su pasión inclasificable,
desde mi medio
corazón impasible,
te digo:
encontrarás
una falsa moneda
juramentada
desde la niñez,
desafíos suntuosos
que no pensé
pronunciar
jamás
en tu presencia.
Indaga
en tus entresijos,
atraídos
por guiños al diario capricho,
sonriente bajo mi martillo,
mientras golpeo frases
y olvido la mano muerta,
guiando
el paso
en caídas nocturnas,
nombrando la osada
pequeña belleza.
Allí
donde mi fe
huye sin concretar
tu entrega
en madrugadas
abiertas
como el aire
en retorcidos animales,
detengo tu mirada.
Y, una vez más,
te entretienes
exiliada de tu amor,
empaquetando
cultos vacíos.
Bajo campanas de piedra,
tumbado sobre arena,
las teclas que susurran
llamas de color,
graves y festivas,
recuerdan
silencios lunares
en la galaxia
donde me encuentras.
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sábado, 18 de diciembre de 2010
viernes, 18 de junio de 2010
UNA CRISIS DE CRECIMIENTO
Te presentaste con un monton de preguntas. A mí me sugirieron que el único sueño al que tenemos acceso es al sueño contado y que nunca coinciden el relato y lo vivido.
Llegaste a plantearte ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿ En qué supuesto mapa neurótico me encuentro?
Curiosamente, te haces esos planteos al caer en una frase que te llevó a tu mascota perenne: la duda que te acompaña como tu sombra. Dunas toscas que te reclaman desde venas humanas ,en
la cabalgata de una madurez inasible, ligada a poblaciones y lugares perdidos.
No tenemos que confundir, los recuerdos con la infancia ni con los lugares donde acontecieron,implacables a pesar de las llamas balbuceantes de la distancia.
Te acucian hijas de formas ansiosas a través de Orión y de la Cruz del sur. Confituras en un cielo de sentencias vivas. Enjambres que nacen de todo vínculo o delirio emanado de la tierra, donde apoyas tus pies en una imperceptible mueca sin salvación.
En los finales te debates en mares que desfondan el oleaje de tu pequeña nave, a la deriva buscando tu idioma
.
Eres una mujer de senos apacibles ante los que la lengua de una vaca resulta una glandula violenta y a la vez, eres, un hombre de templanza mandibular en el punto maternal de una tempestad de mansedumbre alimentando tus propias quejas, tumefactas y telúricas.
Creo que ya puedes dejar de ser un pequeño comerciante o pastor de ovejas del monte del rayo de luna a orillas del río de tu infancia que inundan las conjeturas que invierten el dolor pasado.
Limpiemos tus amores como un destierro voluntario en cada instante de tus sentidos en cada pulsación tendida como súplica de anzuelos.
Dejemos atrás la pelambre suicida de seso helechos mortales llenos de antiguallas que flotan el viento cuando aulla con el humo y la sentencia que te sigue como una flor canibal entre los tizones de la noche.
Llegaste a plantearte ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿ En qué supuesto mapa neurótico me encuentro?
Curiosamente, te haces esos planteos al caer en una frase que te llevó a tu mascota perenne: la duda que te acompaña como tu sombra. Dunas toscas que te reclaman desde venas humanas ,en
la cabalgata de una madurez inasible, ligada a poblaciones y lugares perdidos.
No tenemos que confundir, los recuerdos con la infancia ni con los lugares donde acontecieron,implacables a pesar de las llamas balbuceantes de la distancia.
Te acucian hijas de formas ansiosas a través de Orión y de la Cruz del sur. Confituras en un cielo de sentencias vivas. Enjambres que nacen de todo vínculo o delirio emanado de la tierra, donde apoyas tus pies en una imperceptible mueca sin salvación.
En los finales te debates en mares que desfondan el oleaje de tu pequeña nave, a la deriva buscando tu idioma
.
Eres una mujer de senos apacibles ante los que la lengua de una vaca resulta una glandula violenta y a la vez, eres, un hombre de templanza mandibular en el punto maternal de una tempestad de mansedumbre alimentando tus propias quejas, tumefactas y telúricas.
Creo que ya puedes dejar de ser un pequeño comerciante o pastor de ovejas del monte del rayo de luna a orillas del río de tu infancia que inundan las conjeturas que invierten el dolor pasado.
Limpiemos tus amores como un destierro voluntario en cada instante de tus sentidos en cada pulsación tendida como súplica de anzuelos.
Dejemos atrás la pelambre suicida de seso helechos mortales llenos de antiguallas que flotan el viento cuando aulla con el humo y la sentencia que te sigue como una flor canibal entre los tizones de la noche.
jueves, 4 de marzo de 2010
EN TREINTA AÑOS
Aquí comienza
el tiempo inexplorado.
Seis lustros
de esperanzas abolidas,
escapadas
de eclipses y distancias,
mientras
aerolitos de besos
recorren la prosa de tus labios.
Cada día
trae distinto temblor
y, en el camino,
la vendimia del desierto
es la pitonisa
reveladora de plazos.
Después,
caen las ansias de vacío
del rebaño de nervios,
y los gritos a la nada
mutan mi perfil
al concluir
el eterno viaje hacia adentro.
Entonces,
canto al mito que cambió mi suerte
y destierro la vegetal obsesión
de musical congoja.
Invoco
el verbo en alta frecuencia
y la lucides polar de los finales.
el tiempo inexplorado.
Seis lustros
de esperanzas abolidas,
escapadas
de eclipses y distancias,
mientras
aerolitos de besos
recorren la prosa de tus labios.
Cada día
trae distinto temblor
y, en el camino,
la vendimia del desierto
es la pitonisa
reveladora de plazos.
Después,
caen las ansias de vacío
del rebaño de nervios,
y los gritos a la nada
mutan mi perfil
al concluir
el eterno viaje hacia adentro.
Entonces,
canto al mito que cambió mi suerte
y destierro la vegetal obsesión
de musical congoja.
Invoco
el verbo en alta frecuencia
y la lucides polar de los finales.
viernes, 1 de enero de 2010
OSADÏA
Entre la carne amontonada
y la cama dispuesta,
navego en oraciones
nocturnas del orfeón.
Remonto
combinaciones de palabras
y vivo destinos singulares
mientras
deambulo por los cuerpos,
sin preguntar dónde comienzan,
o finalizan,
las respuestas.
Viajo
sin saber.
y la cama dispuesta,
navego en oraciones
nocturnas del orfeón.
Remonto
combinaciones de palabras
y vivo destinos singulares
mientras
deambulo por los cuerpos,
sin preguntar dónde comienzan,
o finalizan,
las respuestas.
Viajo
sin saber.
jueves, 17 de diciembre de 2009
LOS RUFIANES MELANCÓLICOS
El grupo, sentado alrededor del fuego, sentía cierto desánimo aquella noche: había pasado una semana sin descubrir rastros de creación alguna. Habíamos cantado leyendas, relatamos aventuras de extrañas frases y el viento comenzaba solapadamente, a helar las costas, el silencio de la inmensidad se desplegaba sobre nuestras cabezas.
Esa noche, recordé lo que me sucedió después de un episodio de amnesia, una caída en la memoria me conmocionó. Luego de la experiencia del olvido total, mi concepción del tiempo-mi capacidad para distinguir entre sucesión y simultáneidad- había sufrido una sutil alteración.
Me forjaba quiméricas ideas, sobre la posibilidad de vivir en una época determinada, y proyectar mi espíritu por toda la eternidad, para conocer edades pasadas y futuras, salvando abismos de millones de años, y estudiaba en bibliotecas perdidas que conservaban inumerables textos, además de grabados que resumian la historia de la tierra. En ellos, se describía cada una de las especies que existieron o llegarían a existir, con especial referencia a sus artes, sus realizaciones, sus lenguas y su psiquismo.
De tal modo, que continuamente, me acosaban sueños vagos en curiosas ideas, y cuando estallaban guerras, mi interés se orientaba hacia diferentes civilizaciones y así, me di cuenta que consideraba los tiempos y los sucesos, de manera sumamente singular.
Una vez disipado el aturdimiento del espíritu del olvido, perdido el miedo a las formas novedosas, pude vislumbrar que se podían estudiar misterios insondables del planeta-capítulos concluídos de pasados inconcebiblemente remotos y torbellinos vertiginosos del tiempo por venir-que constituyen la suprema experiencia de la vida.
En ocasiones, era inducido, por poderes psíquicos, a reunirme con otras inteligencias procedentes del futuro; de este modo, era posible cambiar impresiones con otros seres de cien mil o un millón de años antes o después, de sus propias épocas.
A todos se nos invitaba a escribir, cada uno en su lengua; la consigna, era que debíamos presentar informes detallados de nuestros respectivos períodos, los cuales pasaban a engrosar los grandes archivos centrales. Así, conocí a ciertos seres, llamados los desterrados a perpetuidad, seres del futuro abocados a la muerte, que tenían como misión, evitar la extinción de sus iluminaciones. Estos sujetos, conocidos como los rufianes melancólicos, no eran tan numerosos, como aparentemente era de esperar, y tenían la característica de que era capaces de proyectarse indefinidamente, hacia tiempos remotos. De aquellos desdoblamientos duraderos, se habían derivado ejemplos, de algo que en un tiempo llamaban personalidad múltiple, casos curiosos y enigmáticos, recogidos en la historia, incluso en la del género humano.
Esa noche, recordé lo que me sucedió después de un episodio de amnesia, una caída en la memoria me conmocionó. Luego de la experiencia del olvido total, mi concepción del tiempo-mi capacidad para distinguir entre sucesión y simultáneidad- había sufrido una sutil alteración.
Me forjaba quiméricas ideas, sobre la posibilidad de vivir en una época determinada, y proyectar mi espíritu por toda la eternidad, para conocer edades pasadas y futuras, salvando abismos de millones de años, y estudiaba en bibliotecas perdidas que conservaban inumerables textos, además de grabados que resumian la historia de la tierra. En ellos, se describía cada una de las especies que existieron o llegarían a existir, con especial referencia a sus artes, sus realizaciones, sus lenguas y su psiquismo.
De tal modo, que continuamente, me acosaban sueños vagos en curiosas ideas, y cuando estallaban guerras, mi interés se orientaba hacia diferentes civilizaciones y así, me di cuenta que consideraba los tiempos y los sucesos, de manera sumamente singular.
Una vez disipado el aturdimiento del espíritu del olvido, perdido el miedo a las formas novedosas, pude vislumbrar que se podían estudiar misterios insondables del planeta-capítulos concluídos de pasados inconcebiblemente remotos y torbellinos vertiginosos del tiempo por venir-que constituyen la suprema experiencia de la vida.
En ocasiones, era inducido, por poderes psíquicos, a reunirme con otras inteligencias procedentes del futuro; de este modo, era posible cambiar impresiones con otros seres de cien mil o un millón de años antes o después, de sus propias épocas.
A todos se nos invitaba a escribir, cada uno en su lengua; la consigna, era que debíamos presentar informes detallados de nuestros respectivos períodos, los cuales pasaban a engrosar los grandes archivos centrales. Así, conocí a ciertos seres, llamados los desterrados a perpetuidad, seres del futuro abocados a la muerte, que tenían como misión, evitar la extinción de sus iluminaciones. Estos sujetos, conocidos como los rufianes melancólicos, no eran tan numerosos, como aparentemente era de esperar, y tenían la característica de que era capaces de proyectarse indefinidamente, hacia tiempos remotos. De aquellos desdoblamientos duraderos, se habían derivado ejemplos, de algo que en un tiempo llamaban personalidad múltiple, casos curiosos y enigmáticos, recogidos en la historia, incluso en la del género humano.
viernes, 9 de octubre de 2009
RUGOSIDADES DEL ALMA
Una nube de rigor encadena mi mente.
De falsas astrologías, de costumbres un tanto extranjeras,
me entretengo en las rugosidades del alma.
En apariencia, conservo un aire, un sabor de soledad compartida.
Por mi oficio, me interesa
aquello que las iluminaciones traen a mis páginas:
Todas las monstruosidades violan gestos atroces.
Su soledad es la mecánica lírica.
Su lasitud erótica los movimientos amorosos .
De allí que la moral contemporánea
se descorporiza
en su pasión
y en su acción.
Terribles escalofríos de amores antiguos
luminosos de Hidrógeno.
Quisera decir: abandono la virtud y hacer gemir el viento
sobre el mar y cerca de las costas
o por encima de las grandes ciudades
o través de frías regiones polares recordar:
no es el espíritu de Dios el que pasa,
es el perfume que se dispersa
en el tiempo de los asesinos.
Los senderos son asperos.
Soy yo el que lo dice, también tengo sed de infinito
y cuando rondo las casas de los hombres
con cabellos flagelados en pensamientos tortuosos
quieto,
como una piedra en cualquier camino
destapo mi rostro y mi voz es un refugio.
Cada mañana cuando el sol levanta,
mis timpanos están alertas
mientras miro el tiempo inundado en memorias
sin que se mueva uno solo de mis rasgos.
Mi piel,
espina clavada en la historia
se agita en tus entrañas.
De falsas astrologías, de costumbres un tanto extranjeras,
me entretengo en las rugosidades del alma.
En apariencia, conservo un aire, un sabor de soledad compartida.
Por mi oficio, me interesa
aquello que las iluminaciones traen a mis páginas:
Todas las monstruosidades violan gestos atroces.
Su soledad es la mecánica lírica.
Su lasitud erótica los movimientos amorosos .
De allí que la moral contemporánea
se descorporiza
en su pasión
y en su acción.
Terribles escalofríos de amores antiguos
luminosos de Hidrógeno.
Quisera decir: abandono la virtud y hacer gemir el viento
sobre el mar y cerca de las costas
o por encima de las grandes ciudades
o través de frías regiones polares recordar:
no es el espíritu de Dios el que pasa,
es el perfume que se dispersa
en el tiempo de los asesinos.
Los senderos son asperos.
Soy yo el que lo dice, también tengo sed de infinito
y cuando rondo las casas de los hombres
con cabellos flagelados en pensamientos tortuosos
quieto,
como una piedra en cualquier camino
destapo mi rostro y mi voz es un refugio.
Cada mañana cuando el sol levanta,
mis timpanos están alertas
mientras miro el tiempo inundado en memorias
sin que se mueva uno solo de mis rasgos.
Mi piel,
espina clavada en la historia
se agita en tus entrañas.
jueves, 21 de mayo de 2009
HISTORIAS DE AGUJEROS NEGROS
Al despertar era otro, no sabía quien me habitaba.
Un sueño me arrastró fuera de los espacios conocidos, en la tierra ciudades y lujuriosas vegetaciones, lanzaban columnas de espuma al cielo vaporoso, al agujero negro de las entrañas del universo, donde congelan cadáveres de mariposas y amores distraídos.
Agujeros donde termina y a la vez comienza el cosmos, el ojo turístico de los planetas de un sistema solar en extinción.
Atravesándolos, se pasa a las dimensiones infinitas de lo desconocido imposible de abarcar, del duro oficio de navegante interestelar.
El cuerpo pìerde sus límites y allí, se encuentran almas errantes del espanto, lujuria y sirenas, muertas.
Viaje transversal al agujero negro de la luz negra donde todo brilla, semienterrado, brotado de musgos y pájaros con alas quemadas por el esfuerzo. Donde no hay horizontes,florecen las aperturas y, caminos intransitados ni suben ni bajan porque todo es vacío de montañas invadiendo sótanos, húmedas, estrechas galerías, tenebrosas bóvedas de oro, vacías en los súbitos desprendimientos de la nada.
Urbe gigante que arrastra sonidos del universo, aluviones de piedras lunares, de Marte a Júpiter, de Orión a la Vía Láctea.
Tanta aventura, tanto reino perdido en mares de azufre y anillos de Saturno, empujando ciertas languideces, arrastrando a su orbita ciertos misterios, al silencio.
Un sueño me arrastró fuera de los espacios conocidos, en la tierra ciudades y lujuriosas vegetaciones, lanzaban columnas de espuma al cielo vaporoso, al agujero negro de las entrañas del universo, donde congelan cadáveres de mariposas y amores distraídos.
Agujeros donde termina y a la vez comienza el cosmos, el ojo turístico de los planetas de un sistema solar en extinción.
Atravesándolos, se pasa a las dimensiones infinitas de lo desconocido imposible de abarcar, del duro oficio de navegante interestelar.
El cuerpo pìerde sus límites y allí, se encuentran almas errantes del espanto, lujuria y sirenas, muertas.
Viaje transversal al agujero negro de la luz negra donde todo brilla, semienterrado, brotado de musgos y pájaros con alas quemadas por el esfuerzo. Donde no hay horizontes,florecen las aperturas y, caminos intransitados ni suben ni bajan porque todo es vacío de montañas invadiendo sótanos, húmedas, estrechas galerías, tenebrosas bóvedas de oro, vacías en los súbitos desprendimientos de la nada.
Urbe gigante que arrastra sonidos del universo, aluviones de piedras lunares, de Marte a Júpiter, de Orión a la Vía Láctea.
Tanta aventura, tanto reino perdido en mares de azufre y anillos de Saturno, empujando ciertas languideces, arrastrando a su orbita ciertos misterios, al silencio.
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