Aquí comienza
el tiempo inexplorado.
Seis lustros
de esperanzas abolidas,
escapadas
de eclipses y distancias,
mientras
aerolitos de besos
recorren la prosa de tus labios.
Cada día
trae distinto temblor
y, en el camino,
la vendimia del desierto
es la pitonisa
reveladora de plazos.
Después,
caen las ansias de vacío
del rebaño de nervios,
y los gritos a la nada
mutan mi perfil
al concluir
el eterno viaje hacia adentro.
Entonces,
canto al mito que cambió mi suerte
y destierro la vegetal obsesión
de musical congoja.
Invoco
el verbo en alta frecuencia
y la lucides polar de los finales.