Si miras
en el pedernal
de mi amante sintética
y su pasión inclasificable,
desde mi medio
corazón impasible,
te digo:
encontrarás
una falsa moneda
juramentada
desde la niñez,
desafíos suntuosos
que no pensé
pronunciar
jamás
en tu presencia.
Indaga
en tus entresijos,
atraídos
por guiños al diario capricho,
sonriente bajo mi martillo,
mientras golpeo frases
y olvido la mano muerta,
guiando
el paso
en caídas nocturnas,
nombrando la osada
pequeña belleza.
Allí
donde mi fe
huye sin concretar
tu entrega
en madrugadas
abiertas
como el aire
en retorcidos animales,
detengo tu mirada.
Y, una vez más,
te entretienes
exiliada de tu amor,
empaquetando
cultos vacíos.
Bajo campanas de piedra,
tumbado sobre arena,
las teclas que susurran
llamas de color,
graves y festivas,
recuerdan
silencios lunares
en la galaxia
donde me encuentras.
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sábado, 18 de diciembre de 2010
viernes, 12 de junio de 2009
MIS NIETOS
Con mirada de piel,
de estrella vulnerable,
contradigo
madrugadas indecisas
y el dorso del agua
que vibra en el tulipán precioso.
Y no suelto tus manos
mientras desgranas
nuestras bocas y lechos
invocando nacimientos.
Es la edad
de ir detrás de mi voz,
atravesando
hojas heladas en trigales.
Mis nietos
aún no me conocen
y arrancan risas libres
en mis dehesas y ríos.
En amplios espectros
cada vez más cercanos,
juegan, tranquilamente,
un mano a mano
entre sombras y mi garganta.
Hechizado por la vehemencia
de instantes inolvidables
en mutaciones
de nómada y clandestino,
elijo la velocidad
en que cruje mi exilio,
hambriento de nuevos tiempos,
intactos para el sol
ilesos para el amor.
Y, por eso,
restituyo el corpóreo acento
con que amo,
en el verbo
que escribo.
de estrella vulnerable,
contradigo
madrugadas indecisas
y el dorso del agua
que vibra en el tulipán precioso.
Y no suelto tus manos
mientras desgranas
nuestras bocas y lechos
invocando nacimientos.
Es la edad
de ir detrás de mi voz,
atravesando
hojas heladas en trigales.
Mis nietos
aún no me conocen
y arrancan risas libres
en mis dehesas y ríos.
En amplios espectros
cada vez más cercanos,
juegan, tranquilamente,
un mano a mano
entre sombras y mi garganta.
Hechizado por la vehemencia
de instantes inolvidables
en mutaciones
de nómada y clandestino,
elijo la velocidad
en que cruje mi exilio,
hambriento de nuevos tiempos,
intactos para el sol
ilesos para el amor.
Y, por eso,
restituyo el corpóreo acento
con que amo,
en el verbo
que escribo.
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