Las profundidades
de la rosa multicolor,
los disfraces deliberados,
se mecen
en mis manos
como canto al viento.
Lejano y solemne
como estrella apagada,
en una inmensa marea
de agujeros negros,
cambiantes
en alegría.
Y así,
profunda
fue la espera
del respeto al pato
y la piedad del converso,
mientras me acercaba
a la reverencia
y la emoción anual.
viernes, 26 de junio de 2009
viernes, 19 de junio de 2009
TE LO PIENSAS
Te lo piensas.
Entre susurros y risas,
en hojas de sueño
y, melodías
de labios entreabiertos.
Con la mirada
en las vueltas del mundo,
sonrío al amanecer
después de hurgar
en panfletos arrugados,
y, en diatribas
conmovedoras,
rebusco
el espíritu
del hipopotámo.
Piénsatelo:
en los fragmentos
tendrás juventud,
vejez,
y, mientras te preparas un té,
escribes una frase
que te abre la boca.
Ese verbo
cerca de tu corazón
limpia rincones húmedos
y coincide conmigo,
atravesando
el estrecho de Magallanes.
Las nuevas rutas
excitan mis membranas
y podríamos,
casi juntos,
decir:
Un verso no escrito
es una palabra
no dicha,
no oida.
Así, amigo mío,
abandono
la oblación silenciosa.
Tejo el viento
en una vieja casona,
sin fantasmas.
Entre susurros y risas,
en hojas de sueño
y, melodías
de labios entreabiertos.
Con la mirada
en las vueltas del mundo,
sonrío al amanecer
después de hurgar
en panfletos arrugados,
y, en diatribas
conmovedoras,
rebusco
el espíritu
del hipopotámo.
Piénsatelo:
en los fragmentos
tendrás juventud,
vejez,
y, mientras te preparas un té,
escribes una frase
que te abre la boca.
Ese verbo
cerca de tu corazón
limpia rincones húmedos
y coincide conmigo,
atravesando
el estrecho de Magallanes.
Las nuevas rutas
excitan mis membranas
y podríamos,
casi juntos,
decir:
Un verso no escrito
es una palabra
no dicha,
no oida.
Así, amigo mío,
abandono
la oblación silenciosa.
Tejo el viento
en una vieja casona,
sin fantasmas.
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oblación silenciosa
viernes, 12 de junio de 2009
MIS NIETOS
Con mirada de piel,
de estrella vulnerable,
contradigo
madrugadas indecisas
y el dorso del agua
que vibra en el tulipán precioso.
Y no suelto tus manos
mientras desgranas
nuestras bocas y lechos
invocando nacimientos.
Es la edad
de ir detrás de mi voz,
atravesando
hojas heladas en trigales.
Mis nietos
aún no me conocen
y arrancan risas libres
en mis dehesas y ríos.
En amplios espectros
cada vez más cercanos,
juegan, tranquilamente,
un mano a mano
entre sombras y mi garganta.
Hechizado por la vehemencia
de instantes inolvidables
en mutaciones
de nómada y clandestino,
elijo la velocidad
en que cruje mi exilio,
hambriento de nuevos tiempos,
intactos para el sol
ilesos para el amor.
Y, por eso,
restituyo el corpóreo acento
con que amo,
en el verbo
que escribo.
de estrella vulnerable,
contradigo
madrugadas indecisas
y el dorso del agua
que vibra en el tulipán precioso.
Y no suelto tus manos
mientras desgranas
nuestras bocas y lechos
invocando nacimientos.
Es la edad
de ir detrás de mi voz,
atravesando
hojas heladas en trigales.
Mis nietos
aún no me conocen
y arrancan risas libres
en mis dehesas y ríos.
En amplios espectros
cada vez más cercanos,
juegan, tranquilamente,
un mano a mano
entre sombras y mi garganta.
Hechizado por la vehemencia
de instantes inolvidables
en mutaciones
de nómada y clandestino,
elijo la velocidad
en que cruje mi exilio,
hambriento de nuevos tiempos,
intactos para el sol
ilesos para el amor.
Y, por eso,
restituyo el corpóreo acento
con que amo,
en el verbo
que escribo.
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ir detrás de una voz,
mirada de piel
viernes, 5 de junio de 2009
LA CIUDAD VACÍA
Todo funcionó perfectamente. El mecanismo debía actuar a las treinta y seis horas, pasados los efectos de los gases. No pregunté que pasaría con los cadáveres, en general me desagradaban los muertos, el blanco y su rigidez final; claro que esto fué casi sin dolor, imperceptible música que elimina pasiones, fuera de sitio.
Los asesinatos en masa, me suelen impresionar, horrores del pasado quizá,algún sentimiento de comunión con la especie, puede ser.
Nadie estaba enterado de nada, la vida transcurría apacible en el universo de los hombres, todos unidos construían, es una manera de decir,la sociedad futura.
A pesar de todo, se me ocurre que el hombre es una especie de animal ingenuo, la luz lo sobrecoge y el fuego lo hechiza, la muerte en casi todos los casos suele ser una sorpresa.
Con respecto a la vida, con ella nunca se supo que hacer.
Tendré que alimentarme, luego buscar las cajas, el ordenador, algunos papeles y la grabadora para conversarme de lo que vaya ocurriendo. Se me aparecen nuevamente los muertos, espero que tengan algún sistema de limpieza o desintegración de la materia orgánica en desuso. Una ciudad podrida, carroña y fetidez para los buitres y la sangre corriendo por las alcantarillas, las vísceras llenando cloacas, no creo que sea un espectáculo agradable.
Tardaré un poco en salir. Antepasados devorados por peces y otros métodos de educación y conquista, recuerdo me destrozaron el cerebro alguna vez.
De cualquier manera, son decisiones del poder supremo, el resto mucho no interesa, a menos que haga mucho ruido, hacen lo que sus ciegos vicios de ser les ordenan.
Soy ahora, un corazón que late en la ciudad, muerta. Un poco de música con el desayuno vendrá bien, una tortilla de queso con café y tostadas, eso será bueno. Un ritual humano, me hará bien en medio de la catástrofe, una estúpida costumbre suele borrar los bordes del asco y la conciencia. El alimento también recuerda la diferencia entre la vida y la muerte, la alegría de sobrevivir es infinita.
Y el tiempo, que sería el tiempo para esta gente, qué buenas razones se darían a sí mismos para sus días y sus noches, qué palabras tendrían para sus hijos acerca de los misterios de la vida. Un don divino dicen, una posibilidad cósmica transformada en instrumento de la mascarada de dominio de las bestias, anonadas por el sol.
Saldré a caminar, despacio para desentumecerme, se me hincharon los pies y tengo como un mareo, una sensación de extrañeza y mi vida se me aparece como una burla, una feroz insistencia en marcar en mi rostro una mueca que me haga sentir que todo va bien. Como todos los habitantes de esta patética ciudad.
Leeré algunos libros, periódicos antiguos y sus bromas acerca del tedio y, los viajes que hacían para ver si existían personas en otros lugares y como vivían, si sus casas eran cuadradas o redondas, si eran capaces de buenos sentimientos o diferentes, es decir, hostiles. Tomaré notas de las ruinas. Pasaré cerca de los espejos, verme será bueno, me hará companía ver unos ojos vivos, sentir lo que siente, intuir el pensamiento de la sombra que se mueve delante mío. Demasíada pena, sería un lujo imposible para la investigación, debo cuidar mi mente, el corazón no puede depender de sí mismo. ¿Qué ley gobierna la vida de un hombre solo?
Mis costumbres, me recordarán quién soy y éstas, se irán alterando. Si digo que todo está bien, tendrá que estarlo, de lo contrario tendría que recurrir a alguién, y eso por ahora es imposible.
Silencios, profundos y lejanos sonidos del vacío, llenan la atmósfera enrarecida y solemne en la superficie. La radiación destruyó la materia orgánica, aniquiló por una lluvia tenaz los vaivenes de los jinetes del Apocalípsis y sus humos de tragedia evaporados. Sólo las nubes cambiarían de forma, imagen y movimiento.
¿Estarán todos almorzando con Dios? Aun así me parece una exageración de los métodos modernos y las tácticas de poder para desviar la manada.
Los relojes serán innecesarios, nadie me espera y momentáneamente, he perdido las referencias humanas que me sostenían. ¿Y ahora qué? ¿A quién engañar? Falso o verdadero se convierte en una cuestión vital. Al del espejo no podré recurrir, es implacable. Si hago como que muero me mata. El de la grabadora es un idiota, siempre repite las mismas cosas, depende de mi voluntad y soy el que interrumpe.Entre sombras emitiré algunos gritos, blasfemias y falsos juramentos perderán todo sentido.
Trataré de pensar en voz alta, sin elegir lo que vaya a decir, diciendo lo que se me ocurra sin juzgar ni el bien ni el mal, aunque aparentemente, nadie me escuche, tal vez mi voz pueda alterar mis sentidos, sería maravilloso, casi como un encuentro con otro.
Desesperar como estrategia, para reconocer mi situación real, puede ser; como manera de ser, insuficiente.
Estoy en el último aleph.No hubo incendios ni praderas en llamas. Un sordo murmullo de motores cruzó los aires y no fué disparado un solo proyectil.
Dentro de una horas podré salir y comenzar a redactar los informes.
Pasados los mil días y sus noches y luego del último adiós, cerrar la ciudad.
Los asesinatos en masa, me suelen impresionar, horrores del pasado quizá,algún sentimiento de comunión con la especie, puede ser.
Nadie estaba enterado de nada, la vida transcurría apacible en el universo de los hombres, todos unidos construían, es una manera de decir,la sociedad futura.
A pesar de todo, se me ocurre que el hombre es una especie de animal ingenuo, la luz lo sobrecoge y el fuego lo hechiza, la muerte en casi todos los casos suele ser una sorpresa.
Con respecto a la vida, con ella nunca se supo que hacer.
Tendré que alimentarme, luego buscar las cajas, el ordenador, algunos papeles y la grabadora para conversarme de lo que vaya ocurriendo. Se me aparecen nuevamente los muertos, espero que tengan algún sistema de limpieza o desintegración de la materia orgánica en desuso. Una ciudad podrida, carroña y fetidez para los buitres y la sangre corriendo por las alcantarillas, las vísceras llenando cloacas, no creo que sea un espectáculo agradable.
Tardaré un poco en salir. Antepasados devorados por peces y otros métodos de educación y conquista, recuerdo me destrozaron el cerebro alguna vez.
De cualquier manera, son decisiones del poder supremo, el resto mucho no interesa, a menos que haga mucho ruido, hacen lo que sus ciegos vicios de ser les ordenan.
Soy ahora, un corazón que late en la ciudad, muerta. Un poco de música con el desayuno vendrá bien, una tortilla de queso con café y tostadas, eso será bueno. Un ritual humano, me hará bien en medio de la catástrofe, una estúpida costumbre suele borrar los bordes del asco y la conciencia. El alimento también recuerda la diferencia entre la vida y la muerte, la alegría de sobrevivir es infinita.
Y el tiempo, que sería el tiempo para esta gente, qué buenas razones se darían a sí mismos para sus días y sus noches, qué palabras tendrían para sus hijos acerca de los misterios de la vida. Un don divino dicen, una posibilidad cósmica transformada en instrumento de la mascarada de dominio de las bestias, anonadas por el sol.
Saldré a caminar, despacio para desentumecerme, se me hincharon los pies y tengo como un mareo, una sensación de extrañeza y mi vida se me aparece como una burla, una feroz insistencia en marcar en mi rostro una mueca que me haga sentir que todo va bien. Como todos los habitantes de esta patética ciudad.
Leeré algunos libros, periódicos antiguos y sus bromas acerca del tedio y, los viajes que hacían para ver si existían personas en otros lugares y como vivían, si sus casas eran cuadradas o redondas, si eran capaces de buenos sentimientos o diferentes, es decir, hostiles. Tomaré notas de las ruinas. Pasaré cerca de los espejos, verme será bueno, me hará companía ver unos ojos vivos, sentir lo que siente, intuir el pensamiento de la sombra que se mueve delante mío. Demasíada pena, sería un lujo imposible para la investigación, debo cuidar mi mente, el corazón no puede depender de sí mismo. ¿Qué ley gobierna la vida de un hombre solo?
Mis costumbres, me recordarán quién soy y éstas, se irán alterando. Si digo que todo está bien, tendrá que estarlo, de lo contrario tendría que recurrir a alguién, y eso por ahora es imposible.
Silencios, profundos y lejanos sonidos del vacío, llenan la atmósfera enrarecida y solemne en la superficie. La radiación destruyó la materia orgánica, aniquiló por una lluvia tenaz los vaivenes de los jinetes del Apocalípsis y sus humos de tragedia evaporados. Sólo las nubes cambiarían de forma, imagen y movimiento.
¿Estarán todos almorzando con Dios? Aun así me parece una exageración de los métodos modernos y las tácticas de poder para desviar la manada.
Los relojes serán innecesarios, nadie me espera y momentáneamente, he perdido las referencias humanas que me sostenían. ¿Y ahora qué? ¿A quién engañar? Falso o verdadero se convierte en una cuestión vital. Al del espejo no podré recurrir, es implacable. Si hago como que muero me mata. El de la grabadora es un idiota, siempre repite las mismas cosas, depende de mi voluntad y soy el que interrumpe.Entre sombras emitiré algunos gritos, blasfemias y falsos juramentos perderán todo sentido.
Trataré de pensar en voz alta, sin elegir lo que vaya a decir, diciendo lo que se me ocurra sin juzgar ni el bien ni el mal, aunque aparentemente, nadie me escuche, tal vez mi voz pueda alterar mis sentidos, sería maravilloso, casi como un encuentro con otro.
Desesperar como estrategia, para reconocer mi situación real, puede ser; como manera de ser, insuficiente.
Estoy en el último aleph.No hubo incendios ni praderas en llamas. Un sordo murmullo de motores cruzó los aires y no fué disparado un solo proyectil.
Dentro de una horas podré salir y comenzar a redactar los informes.
Pasados los mil días y sus noches y luego del último adiós, cerrar la ciudad.
viernes, 29 de mayo de 2009
DIOSES MENORES
Sentado en cubierta, con las piernas cruzadas en dirección a la Meca, despliego ágiles velas cantando letras desconocidas de paz, anunciando fuertes vientos en la ciudad impaciente.
Despertando en mi cuerpo, investigué en las historias de mis sueños, las residencias de dioses menores, aquellos que se aplacan fácilmente en las pequeñas batallas del amor y el trabajo, por territorios de emociones silenciosas, resplandecientes que no habían acontecido.
Un olor a incienso venía desde las ventanas, como aires de quemadas adormideras y se oía el eco de campanas, recordando horas distantes, aquí a nuestro lado. Entre breves días y noches infinitas,me pregunto: ¿Porqué tanta gente está dormida en esta callada ciudad? Tal vez no deben hacerse preguntas en las casas, porque pueden despertarse las gentes. Y, si eso sucede quizá mueran los dioses y no vuelvan a soñar.
Recuerdo bocas ensortijadas, arrastrando recelos irreductibles y las estrategias del avestruz, en pleno asfalto.
Nadie puede custionar postreras plumas y manos vengativas, cuando sobre hombres y mujeres, el sol envía sopores lejanos. La ciudad venera a dioses a quienes el tiempo no ha matado, aun.
En mis sueños, cada vez más vívidos y detallados, en la ciudad se adoraba a cualquier dios capaz de escuchar las cien esquinas de la suerte, y si no quedaba constancia, no habría sucedido.
Interrogué casos similares al mío. En sus sueños, algo se repetía: se trataba de una persona de cierto nivel intelectual, que se veía dominada por una segunda naturaleza que, le obligaba a llevar durante un período más o menos prolongado, una existencia absolutamente extraña, caracterizada al principio por una torpeza verbal y motora y más tarde, por la adquisición masiva de conocimientos científicos, históricos, artísticos y psíquicos.
Este aprendisaje se llevaba a cabo con un entusiasmo febril y denotaba una prodigiosa capacidad de asimilación. Luego el sujeto en cuestión, se trasladaba a su nueva personalidad, que en lo sucesivo se veía asaltada por sueños difusos, indeterminados en los que latían recuerdos fragmentarios.
Pude observar también, otros casos en los que se trataba, en general de personas de inteligencia superflua, algunas tan primarias que era difícil considerarlas como poseídas por las artes o las ciencias. Cuando rezaban, sólo lo hacían junto a hombres o mujeres de credos diferentes, para que ningún dios pudiera oir la plegaria de dos personas al mismo tiempo. Tan pronto como uno acababa de orar, venía otro de la misma fe y ocupaba su puesto. Durante un instante, se veían inflamados por una fuerza ajena, pero al tiempo-poco o mucho-volvían a su estado natural, quedándoles apenas algún recuerdo deformado, de supuestos horrores inhumanos.
Despertando en mi cuerpo, investigué en las historias de mis sueños, las residencias de dioses menores, aquellos que se aplacan fácilmente en las pequeñas batallas del amor y el trabajo, por territorios de emociones silenciosas, resplandecientes que no habían acontecido.
Un olor a incienso venía desde las ventanas, como aires de quemadas adormideras y se oía el eco de campanas, recordando horas distantes, aquí a nuestro lado. Entre breves días y noches infinitas,me pregunto: ¿Porqué tanta gente está dormida en esta callada ciudad? Tal vez no deben hacerse preguntas en las casas, porque pueden despertarse las gentes. Y, si eso sucede quizá mueran los dioses y no vuelvan a soñar.
Recuerdo bocas ensortijadas, arrastrando recelos irreductibles y las estrategias del avestruz, en pleno asfalto.
Nadie puede custionar postreras plumas y manos vengativas, cuando sobre hombres y mujeres, el sol envía sopores lejanos. La ciudad venera a dioses a quienes el tiempo no ha matado, aun.
En mis sueños, cada vez más vívidos y detallados, en la ciudad se adoraba a cualquier dios capaz de escuchar las cien esquinas de la suerte, y si no quedaba constancia, no habría sucedido.
Interrogué casos similares al mío. En sus sueños, algo se repetía: se trataba de una persona de cierto nivel intelectual, que se veía dominada por una segunda naturaleza que, le obligaba a llevar durante un período más o menos prolongado, una existencia absolutamente extraña, caracterizada al principio por una torpeza verbal y motora y más tarde, por la adquisición masiva de conocimientos científicos, históricos, artísticos y psíquicos.
Este aprendisaje se llevaba a cabo con un entusiasmo febril y denotaba una prodigiosa capacidad de asimilación. Luego el sujeto en cuestión, se trasladaba a su nueva personalidad, que en lo sucesivo se veía asaltada por sueños difusos, indeterminados en los que latían recuerdos fragmentarios.
Pude observar también, otros casos en los que se trataba, en general de personas de inteligencia superflua, algunas tan primarias que era difícil considerarlas como poseídas por las artes o las ciencias. Cuando rezaban, sólo lo hacían junto a hombres o mujeres de credos diferentes, para que ningún dios pudiera oir la plegaria de dos personas al mismo tiempo. Tan pronto como uno acababa de orar, venía otro de la misma fe y ocupaba su puesto. Durante un instante, se veían inflamados por una fuerza ajena, pero al tiempo-poco o mucho-volvían a su estado natural, quedándoles apenas algún recuerdo deformado, de supuestos horrores inhumanos.
jueves, 21 de mayo de 2009
HISTORIAS DE AGUJEROS NEGROS
Al despertar era otro, no sabía quien me habitaba.
Un sueño me arrastró fuera de los espacios conocidos, en la tierra ciudades y lujuriosas vegetaciones, lanzaban columnas de espuma al cielo vaporoso, al agujero negro de las entrañas del universo, donde congelan cadáveres de mariposas y amores distraídos.
Agujeros donde termina y a la vez comienza el cosmos, el ojo turístico de los planetas de un sistema solar en extinción.
Atravesándolos, se pasa a las dimensiones infinitas de lo desconocido imposible de abarcar, del duro oficio de navegante interestelar.
El cuerpo pìerde sus límites y allí, se encuentran almas errantes del espanto, lujuria y sirenas, muertas.
Viaje transversal al agujero negro de la luz negra donde todo brilla, semienterrado, brotado de musgos y pájaros con alas quemadas por el esfuerzo. Donde no hay horizontes,florecen las aperturas y, caminos intransitados ni suben ni bajan porque todo es vacío de montañas invadiendo sótanos, húmedas, estrechas galerías, tenebrosas bóvedas de oro, vacías en los súbitos desprendimientos de la nada.
Urbe gigante que arrastra sonidos del universo, aluviones de piedras lunares, de Marte a Júpiter, de Orión a la Vía Láctea.
Tanta aventura, tanto reino perdido en mares de azufre y anillos de Saturno, empujando ciertas languideces, arrastrando a su orbita ciertos misterios, al silencio.
Un sueño me arrastró fuera de los espacios conocidos, en la tierra ciudades y lujuriosas vegetaciones, lanzaban columnas de espuma al cielo vaporoso, al agujero negro de las entrañas del universo, donde congelan cadáveres de mariposas y amores distraídos.
Agujeros donde termina y a la vez comienza el cosmos, el ojo turístico de los planetas de un sistema solar en extinción.
Atravesándolos, se pasa a las dimensiones infinitas de lo desconocido imposible de abarcar, del duro oficio de navegante interestelar.
El cuerpo pìerde sus límites y allí, se encuentran almas errantes del espanto, lujuria y sirenas, muertas.
Viaje transversal al agujero negro de la luz negra donde todo brilla, semienterrado, brotado de musgos y pájaros con alas quemadas por el esfuerzo. Donde no hay horizontes,florecen las aperturas y, caminos intransitados ni suben ni bajan porque todo es vacío de montañas invadiendo sótanos, húmedas, estrechas galerías, tenebrosas bóvedas de oro, vacías en los súbitos desprendimientos de la nada.
Urbe gigante que arrastra sonidos del universo, aluviones de piedras lunares, de Marte a Júpiter, de Orión a la Vía Láctea.
Tanta aventura, tanto reino perdido en mares de azufre y anillos de Saturno, empujando ciertas languideces, arrastrando a su orbita ciertos misterios, al silencio.
jueves, 14 de mayo de 2009
HISTORIAS DE SUEÑOS
Recuerdo esfuerzos desesperados, mis contorsiones por zafarme del viento.
En el sueño, corría y trepaba unas laderas, hasta salir a un espacio bañado por la luz lunar, rodeado de naves humanas, abandonadas.
Era un tiempo en que mis investigaciones, traspasaron los descubrimientos que el mundo me había proporcionado y,lo que vislumbraba no correspondía a ningún estadío evolutivo conocido por las ciencias o quizás, eran eslabones perdidos que no habían dejado descendencia sobre el planeta o tal vez, eran formaciones que se gestaban en mundos invisibles.
Antes que en la vida diurna estudiase casos similares al mío, o viejos mitos de donde podían proceder los sueños, tenía alguna idea acerca de seres oníricos que pertenecían a una especie que había conquistado el tiempo y enviado espíritus exploradores a todas las eras del universo, y en mis ueños creía comunicarme con los exiliados en los rincones cósmicos más alejados.
Por las mañanas, despertaba extrañado y cuando la información obtenida podía caer dentro del campo del saber actual, me lanzaba a los libros para comprobar los datos.
Los hechos conocidos adquirían así, nuevos y dudosos aspectos, estremeciéndome lo incierto del pasado y los misterios que oculta el futuro. Entonces, desarrollé intensas relaciones con fantasmas universales, maestros de las ciencias y las artes, no nacidos. Sin ángeles alegóricos ni uniformadas voces en cataratas murmurando nombres inmortales de soldados, muertos.
Manejando relámpagos en catedrales de espigas en vértigos de carbón.
La vida verdadera, transcurría cuando estallaban los colores del día de la fiebre poderosa, que desbordaba los muros silenciosos al fundirse el aceite de los amarillos papeles sobre la mesa de roble.
No pude verlo sino, cuando mi voz estremecía pálidas bujías en el vasto recinto de profundas algas, sabiendo que se trata de hechos favorables en una historia que prolonga en nosotros su estirpe. Sueños, vigilia del temblor marino y palpitantes mapas de rutas desconocidas.
En el sueño, corría y trepaba unas laderas, hasta salir a un espacio bañado por la luz lunar, rodeado de naves humanas, abandonadas.
Era un tiempo en que mis investigaciones, traspasaron los descubrimientos que el mundo me había proporcionado y,lo que vislumbraba no correspondía a ningún estadío evolutivo conocido por las ciencias o quizás, eran eslabones perdidos que no habían dejado descendencia sobre el planeta o tal vez, eran formaciones que se gestaban en mundos invisibles.
Antes que en la vida diurna estudiase casos similares al mío, o viejos mitos de donde podían proceder los sueños, tenía alguna idea acerca de seres oníricos que pertenecían a una especie que había conquistado el tiempo y enviado espíritus exploradores a todas las eras del universo, y en mis ueños creía comunicarme con los exiliados en los rincones cósmicos más alejados.
Por las mañanas, despertaba extrañado y cuando la información obtenida podía caer dentro del campo del saber actual, me lanzaba a los libros para comprobar los datos.
Los hechos conocidos adquirían así, nuevos y dudosos aspectos, estremeciéndome lo incierto del pasado y los misterios que oculta el futuro. Entonces, desarrollé intensas relaciones con fantasmas universales, maestros de las ciencias y las artes, no nacidos. Sin ángeles alegóricos ni uniformadas voces en cataratas murmurando nombres inmortales de soldados, muertos.
Manejando relámpagos en catedrales de espigas en vértigos de carbón.
La vida verdadera, transcurría cuando estallaban los colores del día de la fiebre poderosa, que desbordaba los muros silenciosos al fundirse el aceite de los amarillos papeles sobre la mesa de roble.
No pude verlo sino, cuando mi voz estremecía pálidas bujías en el vasto recinto de profundas algas, sabiendo que se trata de hechos favorables en una historia que prolonga en nosotros su estirpe. Sueños, vigilia del temblor marino y palpitantes mapas de rutas desconocidas.
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