Las profundidades
de la rosa multicolor,
los disfraces deliberados,
se mecen
en mis manos
como canto al viento.
Lejano y solemne
como estrella apagada,
en una inmensa marea
de agujeros negros,
cambiantes
en alegría.
Y así,
profunda
fue la espera
del respeto al pato
y la piedad del converso,
mientras me acercaba
a la reverencia
y la emoción anual.