Es fundamental
que pueda escribir
mi cuerpo,
lazo de seda
que conduce
al sabor de tu piel.
Así, viajo,
hechizado
por la vehemencia
de nubes,
en instantes inolvidables.
Llego,
a fuerza de besos,
mutaciones
de vidas cambiantes,
a la velocidad
de filtros mágicos
que hacen posible,
más allá de promesas,
nuestras caricias
en la noche de los abrazos.
Es importante,
para mí,
dirigir los pies
por la senda
del nácar de lo imprevisto
en perfumes
que licuan tiempos,
mareas,
plantas océanicas.
Busco
rastros marinos,
ramificados
en el lecho de la magnolia atemporal.
Es imprescindible
partir del andén
de nuevos días.
Sostener
la insistencia en los desvaríos
y la comunión de la belleza,
una canción indeleble
en venas terrestres,
ligadas al olvido
en una larga avenida
de madreselvas en flor.
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viernes, 16 de abril de 2010
martes, 16 de marzo de 2010
ELLA ES LA CIUDAD
Fuertes combinaciones
deslizan sentidos exquisitos,
láminas de músculos
sostienen la carne tensa,
sin ser, ella misma,
el prodigio
de augurar
siglos venideros.
La sensación
trémula
de belleza
comienza
en partículas
mínimas.
Un poema
muestra ágiles acordes,
abarca mundos
que no tratan
de abarcarme.
Sonidos urbanos
descargando puertos.
Límites
que arrancan
el rodar de los cortejos,
cuyo poder
ni siquiera sospechaban.
Ella es la ciudad,
y yo,
su ciudadano.
deslizan sentidos exquisitos,
láminas de músculos
sostienen la carne tensa,
sin ser, ella misma,
el prodigio
de augurar
siglos venideros.
La sensación
trémula
de belleza
comienza
en partículas
mínimas.
Un poema
muestra ágiles acordes,
abarca mundos
que no tratan
de abarcarme.
Sonidos urbanos
descargando puertos.
Límites
que arrancan
el rodar de los cortejos,
cuyo poder
ni siquiera sospechaban.
Ella es la ciudad,
y yo,
su ciudadano.
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