De tanto pensar,
a veces,
se me olvida
que tengo boca
y un feroz linaje
de rostro fijo,
arrastrando válvulas
intrínsecas
de claro verdor.
Y, cuando miro a lo lejos,
me dan ganas
de besarte el rumor amoratado,
desenvolverme ágilmente
en vértebras de abstracción.
Lúbrico ardor,
desplegando confianza
en mis esmaltados pasos.
Soy, entonces,
testigo de la irrealidad,
amante leal de la desconocida,
apostada
en altos vientos
de mi sexo sin fe.
Claridad
que me entrega secretos
en veloces vuelos de alcatraz.
Remedios aplicados,
letárgicas costumbres,
irrepetibles.
Salvaje jardín
en el que amo
extraviarme,
la gran ola blanca
de tu cuerpo.